YA NO SE ESCUCHAN
los gritos jubilosos niños
celebrando sus goles,
los antiguos balones de cuero
perdieron su aire en las redes
malolientes de la droga asesina.
Los policías ya no persiguen
a los ladrones,
están cansados de correr,
prefieren mirar para otro lado
y saborear el néctar de la indiferencia.
Los príncipes azules huyen
a paraísos fiscales,
los sueños de sus jóvenes enamoradas
desaparecen para siempre
por las sendas amargas de las promesas rotas.
Por las calles desiertas vagan
las sombras de un ayer lejano,
en algún rincón olvidado del tiempo
es posible escuchar los rumores
de antiguos juegos compartidos
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