LAS BRASAS DEL HOGAR
se van apagando,
la noche es,
cada vez, más insoportable.
Las horas, aburridas,
tratan de escribir versos
con las últimas tonterías
del atardecer.
El poeta se pierde
por laberintos absurdos
y las palabras enmudecen
en el fuego eterno
de un amor ausente.
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